Sobrestimación de alergia alimentaria reportada por padres en un centro peruano de alergia, asma e inmunología

CARTAS AL EDITOR

 

Sobrestimación de alergia alimentaria reportada por padres en un centro peruano de alergia, asma e inmunología

Overestimation of food allergies reported by parents in a peruvian allergy, asthma, and immunology center

 

Daniel Mendoza-Quispe1,2,a, Liliana Alvarez1,2,a, César A. Galván3,4

1 Facultad de Medicina, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima, Perú.
2 Asociación para el desarrollo de la investigación en Ciencias de la Salud. Lima, Perú.
3 Centro de Referencia Nacional de Alergia, Asma e Inmunología. Instituto Nacional de Salud del Niño. Lima, Perú.
4 Sociedad Peruana de Inmunología. Lima, Perú.
a Médico cirujano; b médico especialista en Alergología e Inmunología Clínica.

 


Sr. Editor. La alergia alimentaria (AA) es una reacción adversa perjudicial de origen inmunológico. Afecta al 2-4 % de la población mundial, al 6-8 % de niños menores de un año, y su prevalencia sigue incrementándose significativamente desde las últimas décadas (1). La búsqueda del término «alergia» en la base Scielo Perú (www.scielo.org.pe) muestra doce resultados, y sólo uno se relaciona con AA. La prevalencia y los alimentos causales varían entre países, el manejo está centrado en la restricción dietética del alimento causal (2). Un diagnóstico equivocado de AA, del que frecuentemente participan los padres, conduciría a una innecesaria restricción dietética, que podría afectar el desarrollo nutricional y psicológico del niño (2,3). Por ello, el objetivo del estudio fue evaluar la estimación de AA reportada por padres asistentes a un centro de alergia, asma e inmunología.

Desde setiembre de 2016 a enero de 2018 aplicamos una encuesta semiestructurada a padres de 328 pacientes menores de 18 años, que acudieron por primera vez a consulta ambulatoria al Centro de Alergia, Asma e Inmunología del Instituto Nacional de Salud del Niño ubicado en Lima. Los pacientes fueron evaluados por un médico alergólogo e inmunólogo clínico (anamnesis, examen físico y pruebas de alergia, en caso de ser necesarias) para determinar su diagnóstico definitivo. Se obtuvo el consentimiento informado verbal de los padres. Los datos fueron analizados de forma descriptiva usando el programa estadístico SPSS versión 24®.

De 328 pacientes evaluados, el 59,8 % fueron varones, el 27,1 % tenía entre 0-2 años, el 28,4 % tenía entre 3-5 años, y el 44,5 % tenía entre 6-18 años. Asimismo, el 40,9 % (134/328) de padres refirió que su hijo era alérgico a algún alimento (cítricos, leche y/o derivados, y alimentos con preservantes, entre los más frecuentes). Luego de ser evaluados sólo se confirmaron tres casos (0,9 %, 3/328), todos alérgicos a la proteína de leche de vaca. La manifestación que los padres más frecuentemente asociaron a AA fueron ronchas, tos y prurigo. El 57,5 % (77/134) refirió que el diagnóstico le había sido dado por un médico. El 48,5 % (159/328) refirió que alguna vez un médico le recomendó restringir algún alimento por sospecha de AA (Tabla 1).

Nuestro hallazgo es mayor a lo reportado por Ontiveros et al. quienes encuestaron a 1049 padres de niños mexicanos, además el 5,5 % respondió que su hijo tuvo alguna vez AA, y el 4,9 % refirió que un médico alguna vez les dijo que su hijo tenía AA (2). Un metaanálisis europeo encontró una prevalencia de 5,9% de AA cuando esta fue medida por autoreporte de los padres y 0,9 % cuando la AA era diagnosticada por test de provocación oral (1)(3).

La mayoría de reacciones alérgicas son debidas a pocos alimentos como el maní, nueces, huevo, leche, pescado y mariscos (4). Sin embargo las creencias pueden variar entre países, padres mexicanos reportaron que la leche, camarones y otros mariscos pueden causar alergia; padres noruegos reportan que las frutas, chocolate, nueces (4) pueden causar alergia. En nuestra muestra encontramos la creencia de que los cítricos pueden causar mayoritariamente alergias; aunque se ha identificado sensibilización a cítricos, generalmente por reacción cruzada con proteínas homólogas a las del polen, la alergia es raramente observada (5).

 

 

Los síntomas de AA son predominantemente de la piel, seguidos por el tracto gastrointestinal y respiratorio. El prurigo, frecuentemente mencionado en nuestro estudio, no es una presentación de AA (4).

Dirceu et al. encontraron errores en el diagnóstico y manejo de AA en 895 pediatras brasileños, como asociar el consumo de chocolate, la presencia de sibilancias aisladas o la otitis media con AA, y el uso de leche de cabra o de soya como sustitutos de la leche de vaca. Además, el 74,8% asoció los aditivos químicos con AA (6). Estos saborizantes (ej. tartrazina) y preservantes (ej. glutamatos) pueden causar reacciones adversas del tipo intolerancia y no alérgicas, por lo que no existen mecanismos inmunológicos involucrados (4).

De esta forma, los médicos también contribuyen al sobrediagnóstico de AA, probablemente por proteger al niño de una potencial reacción alérgica, sin considerar que un tercio de niños sufren de bullying asociado a su diagnóstico, disminución de su calidad de vida, y que la reducción de ingesta de nutrientes interferirá en su crecimiento físico (3).

La principal limitación observada en el presente estudio es el sesgo de selección, el cual podría haber afectado la magnitud de ocurrencia del fenómeno observado (percepción de AA). Es razonable pensar que los padres que llevan a sus hijos a un centro de alergia tengan mayores sospechas de AA, lo que finalmente podría haber condicionado la sobreestimación descrita.

Nuestro estudio sugiere que los padres que acuden a un centro de alergia sobreestiman la presencia de una AA en sus hijos, lo que podría ocasionar restricciones dietéticas erróneas que afectan el correcto desarrollo nutricional y psicológico del niño. Sugerimos aumentar las comunicaciones científicas sobre AA y establecer guías de diagnóstico y manejo adecuado sobre esta condición.

 

Contribuciones de autoría: DMQ, LA y CAG han participado en la concepción y diseño del artículo, recolección, análisis e interpretación de datos y redacción del artículo. Todos aprobaron la versión final.

Fuentes de financiamiento: Autofinanciado

Conflictos de interés: Ninguno

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Nwaru B, Hickstein L, Panesar SS, Muraro A, Werfel T, Cardona V, et al. The epidemiology of food allergy in Europe: a systematic review and meta-analysis. Allergy. 2014;69(1):62-5. doi: 10.1111/all.12305.

2. Ontiveros N, Valdez-Meza EE, Vergara-Jiménez MJ, Canizalez-Román A, Borzutzky A, Cabrera-Chávez F. Parent-reported prevalence of food allergy in Mexican schoolchildren: A population-based study. Allergol Immunopathol (Madr). 2016;44(6):563-570. doi: 10.1016/j.aller.2016.03.003.

3. Coon ER, Quinonez RA, Moyer VA, Schroeder AR. Overdiagnosis: How Our Compulsion for Diagnosis May Be Harming Children. Pediatrics. 2014;134(5):1013-23. doi: 10.1542/peds.2014-1778.

4. Burks AW, Tang M, Sicherer S, Muraro A, Eigenmann PA, Ebisawa M, et al. ICON: Food allergy. J Allergy Clin Immunol. 2012;129(4):906-20. doi: 10.1016/j.jaci.2012.02.001.

5. Iorio RA, Del Duca S, Calamelli E, Pula C, Lodolini M, Scamardella F, et al. Citrus Allergy from Pollen to Clinical Symptoms. PLoS One. 2013;8(1):e53680. doi: 10.1371/journal.pone.0053680.

6. Sole D, Jacob CMA, Pastorino AC, Porto Neto A, Burns DA, Sarinho ESC, et al. O conhecimento de pediatras sobre alergia alimentar: estudo piloto. Rev Paul Pediatr. 2007;25:311-6.

 

Correspondencia: Daniel Enrique Mendoza Quispe
Dirección: Parque Unión Panamericana 136. Lima, Perú
Teléfono: +51 987829720
Correo electrónico: daniel91emq@gmail.com

 

Recibido: 26/06/2018
Aprobado: 28/11/2018
En línea: 21/12/2018

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